Barrio de Caballito: un homenaje al Barrio Inglés y al Tranvía de Caballito

Hermosa nota publicada por Diario Clarín sobre el Barrio Inglés y el Tranvía de Caballito. En el artículo también se mencionan otras zonas de nuestro querido barrio.

Algunos extractos de la nota:

A cuadras de avenida Rivadavia y de Goyena, en Caballito, un páramo con casonas en vez de torres, donde hay más autos detenidos que circulando y donde te despiertan las calandrias, según juran vecinos.  Es el Barrio Inglés de Caballito, con palacetes de estilo Tudor -el estelar en Gran Bretaña del siglo XV- y otros de influencias diversas.

Gente del lugar recuerda que el Barrio… nació a instancias del ferrocarril. Los libros, que lo construyó en la década de 1920 el Banco El Hogar Argentino para que lo compraran a crédito inmigrantes ingleses y no, de clase media.

Pero tras el crecimiento inmobiliario de Caballito, tras el auge de las torres, estas seis manzanas entre Goyena, Valle, Emilio Mitre y Del Barco Centenera que forman el Barrio…, con sus escudos heráldicos, faroles y campanitas en vez de timbres, se convirtieron en una zona top, bien cotizada. Y, como señalan carteles y garitas, “vigilada”. (Además, en términos de valor histórico y patrimonial, formalmente protegidas).

Cerca, en Emilio Mitre al 500, está a la parada de tranvías. “Museos rodantes”, definen en la Asociación Amigos del Tranvía, grupo que buscó los coches, los acondicionó y los saca a la calle desde 1980, casi dos décadas después de que dejaran de usarse, para invitar a pasear por Mitre, Rivadavia, Hortiguera y Directorio, fines de semana y feriados, gratis.

Pasear, recordar y descubrir cómo desde 1887, cuando se probó el primer “eléctrico” en la Ciudad, hasta 1963, cuando se desmanteló la red -de 830 km, una de las más extensas del mundo- , viajaban hasta cinco millones de pasajeros por mes, según la investigación El tranvía en Buenos Aires (2007), de Cristian Werckenthien. Las calandrias, los pájaros, recuerdan los potreros sobre los que se edificó el Barrio Inglés, la infancia. Borronean el tiempo. Porque basta evocarlos para silenciar incluso el bullicio de Goyena ahora que el sol se apaga y, bajo su cielo de árboles, quieren imponerse las luces de los colectivos y los bocinazos.

Posible recorrido:

 

1) Histórico y gratuito. Así es el viaje que proponen los tranvías de Caballito. Desde 1980, la Asociación Amigos del Tranvía opera ese circuito, el Tramway Histórico de Buenos Aires, con “un auténtico museo rodante”, explican.

El de la foto de abajo es el Tranvía 258 “Lacroze”, pionero de esta flota, agregan en la Asociación. Y un ícono de ella. El original fue fabricado en Oporto, Portugal, en 1927 por la Compañía de Carris de Ferro. “Con leves modificaciones exteriores y nueva pintura, se logro una réplica exacta de un Lacroze de Buenos Aires”, agregan, un modelo local clave.

De marzo a noviembre, los tranvías salen sábados y feriados de 16 a 19.30 y domingos de 10 a 13 y de 16 a 19.30, cada 25 minutos, para recorrer 2 km. La parada es en Emilio Mitre al 500. Y el viaje, que pasa por esa calle, Rivadavia, Hortiguera y Directorio, dura unos 20 minutos.

2) Barrio Inglés. Ésta, en Mitre y Antonio Ferrari, es la entrada perfecta al de Caballito. Se trata de seis manzanas, entre Pedro Goyena, del Barco Centenera, Valle y Emilio Mitre, con casas de estilo Tudor y otros, eclécticos.

Nació como un emprendimiento del Banco El Hogar Argentino en 1923. Las viviendas fueron obra del ingeniero Pedro Vinent y los arquitectos Eduardo Lanús y Coni Molina. Los constructores, Parodi y Figini, como recuerdan fachadas.

Eran 144 lotes, de los cuales sólo una decena desapareció. Las casas fueron diseñadas para que las compraran, a crédito, trabajadores del ferrocarril y otros integrantes de la entonces pujante clase media. Pero, con las décadas, el crecimiento inmobiliario de Caballito, convirtió a esta zona en un remanso bien cotizado. Como indican carteles y garitas, custodiado. Y con los vecinos siempre atentos, conectados entre ellos. Además, el lugar cuenta con protección patrimonial.

Dato: La calle Ferrari es, para muchos, el corazón del Barrio Inglés de Caballito. Debe su nombre a Antonino Ferrari, presidente de, justamente, el Banco El Hogar Argentino.

3) Francés. La panadería y confitería Le Blé (trigo) le pone ese acento a esta coqueta zona. Se trata de una sucursal de esa cadena gourmet que funciona en la Ciudad desde 2008. Imperdibles: el mega croissant, claro.

Y también vale la pena probar las tostadas belgas (pan remojado en leche con azúcar rubia y miel, $120) y el bagel de salmón ahumado ($190). El café cuesta $48. En Valle 1101, y Mitre.

 

4) Otro gigante para el agua porteña. Éste es el Gran Depósito de Gravitación de Caballito, monumento histórico. Fue inaugurado en 1915 con capacidad de albergar casi 73 millones de litros. La idea fue que, en el marco del crecimiento de la población por la inmigración, diera respiro al pionero de Córdoba al 1900 -esa maravilla que en las paredes externas cuenta con unos 130 mil ladrillos esmaltados y 300 mil piezas de cerámica importadas de Inglaterra y Bélgica-. También por esos años, en 1917, abrieron un tercer edificio, con iguales objetivos, en Villa Devoto.

El de Córdoba es de leyenda. Sin embargo, el depósito de Caballito, monumental, impacta. Tres datos: tiene doce tanques de reserva de cuatro metros de alto colocados en tres pisos sostenidos por 180 columnas de hierro. Las piezas, inglesas, fueron remachadas porque cuando se edificó, la soldadura eléctrica no se había inventado.

Esta mole fue clave hasta 1950 y comenzaron a restaurarla a mediados de 2015, para que cumpla funciones de reservorio. Ocupa casi toda la manzana de Pedro Goyena, José María Moreno, Beauchef y Valle. Mire los techos, las ventanas. Otro cuadro, detrás del que los árboles pintan sobre sus muros.

5) Ricas tipas. La avenida Goyena, que corre por casi 19 cuadras, completa el paseo por los alrededores del “barrio inglés” de Caballito. Acá, al 500, no se oyen calandrias. A las antiguas casas -incluso tudor, como en el corazón de ese remanso- se sumaron edificios y edificios de departamentos y el tránsito, en la semana, es intenso. Pero nada opaca la arboleda que prácticamente crea otro cielo. Un cielo de tipas, elegantísimas.

Fuente: Clarín

 

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