Homero Manzi y el cine en el Carlos Gardel

A 50 años la muerte de Homero Manzi, el Museo Casa Carlos Gardel y el Museo del Cine Pablo Ducrós Hicken homenajean su trayectoria en en el cine, a través de afiches pertenecientes al Museo del Cine. La muestra estará abierta hasta el 12 de junio, planteando un recorrido por la filmografía de Homero Manzi ilustrada con partituras, discos, fotos, artículos periodísticos, afiches y contratos.

Sobre la exposición
Homero Manzi compendió la voz porteña, fue el poeta de la vida ciudadana y legó al tango su máximo esplendor como retrato de la cultura nacional. La vida de Homero Manzi se desarrolló entre la poesía, el periodismo, la militancia política y también en el teatro, la radio y el cine. El autor de “Monte criollo”, “Sur”, “Malena”, “Discepolín”, “El último organito” y “Milonga del 900”, entre otros 200 tangos, también es uno de los responsables de clásicos del cine nacional como Nobleza Gaucha, Huella, Con el dedo en el gatillo, Fortín alto, El viejo Hucha, Pampa bárbara y Escuela de campeones, por enumerar sólo algunos de esos trabajos notables, a los que contribuyó con guiones precisos al servicio de realizadores como Alberto de Zavalía, Lucas Demare, Hugo Fregonese, Pierre Chenal, Luis Saslavsky, Mario Sóffici y Luis Moglia Barth.

Su labor como adaptador de La guerra gaucha de Leopoldo Lugones, llevada al cine por Lucas Demare, también lo vincula a esa epopeya del cine nacional delante y detrás de cámaras. Pero en la música, Manzi estuvo presente desde el mismo inicio del cine sonoro argentino cuando se incluyeron dos de sus milongas en la película “Tango!” (1933). En la vida bohemia conoció a Cátulo Castillo, Enrique Santos Discépolo y Aníbal Troilo; y participó desde los inicios de “Artistas Argentinos Asociados”, la empresa que fundaron Enrique Muiño, Elías Alippi, Lucas Demare, Francisco Petrone, Ángel Magaña y Enrique Faustín (hijo). Codirigió asimismo las películas: Pobre mi madre querida (1948), protagonizada por Hugo del Carril y Emma Gramatica, y El último payador (1950), nuevamente con Hugo del Carril, encarnando aquí al popular cantor José Betinotti. Su labor como guionista es reconocida por la Asociación de Cronistas Cinematográficos con los premios a La guerra gaucha (1942), Su mejor alumno (1944) y Escuela de Campeones (1950) y por otras instituciones como la Academia de Cine, la Municipalidad y la Comisión Nacional de Cultura. Comprometido en la lucha por una Argentina libre y soberana apoyó la reforma universitaria, fue uno de los fundadores de FORJA (Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina), y luego se acercó al peronismo, en su ideario por la justicia social y la reivindicación nacional. Su muerte temprana, con tan solo 44 años víctima de un cáncer de intestino, dejó trunco varios proyectos como: El Hombre, sobre la vida de Hipólito Yrigoyen, y otros dos dedicados a Jorge Newbery y Rubén Darío.

Como todos los grandes, no estuvo solo. Con Hugo Mac Dougall, antiguo compañero de la redacción de Radiolandia, y luego con Ulyses Petit de Murat, habría de dejar importantes guiones para el cine. También con Sebastián Piana, Lucio Demare y Aníbal Troilo en la música de esos poemas hechos canción. Porque: ¿Cómo pueden pensarse las “Nostalgias de las cosas que han pasado, arena que la vida se llevó”?. Sólo gracias a su testimonio, presencia y compromiso en la pintura con palabras de ese gran fresco de la sociedad porteña, que aún hoy se distingue en las sombras de las esquinas de Buenos Aires. Y a esos clásicos del cine grabados a fuego en la retina y en la memoria.

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