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Barrio

La insospechada presencia de Manuel Belgrano en el Barrio de Caballito

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Por José Guglielmo

Derivado de su devoción a la Virgen de las Mercedes, Belgrano encontró en el barrio de Caballito un lugar para su recuerdo y homenaje permanente. Los orígenes de este particular fervor caballitense tienen un lejano antecedente en una ceremonia protagonizada por el General en Tucumán.

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Luego de la memorable victoria lograda en Tucumán por el ejército patriota bajo su mando, el 24 de septiembre de 1812, batalla que en rigor comenzó al mediodía de ese día, concluyendo en la madrugada del 26 después al retirarse el ejército realista comandado por Pío Tristán. En esas circunstancias no se pudo realizar la solemne procesión de la Virgen de las Mercedes el día 24 como correspondía. Se realizó el 28 de octubre siguiente, día en el que se conmemora a los santos Simón y Judas, a los que también se acostumbraba rendirles devoción popular con procesión. Unificadas ambas ceremonias, la imagen de la Virgen partió de su propia iglesia, rodeada del pueblo  tucumano de profunda fe mercedaria.

En la iglesia tucumana de la Virgen de las Mercedes se conserva una imagen cuya datación puede llegar al siglo XVII, es la adoración por los fieles y la que fue coronada por el Papa Pío X en el año 1912, al celebrase el primer siglo de la gloriosa batalla. En 1787 la cofradía costeó otra imagen, la que comenzó a ser sacada en procesión, preservando la anterior en el templo. Lo curioso es que la nueva es de mayor tamaño y más adecuado para las procesiones. El uso cotidiano denominó Virgen “grande”, a la nueva y  Virgen “chica” a la original. La “grande” fue confiada en guarda por el matrimonio del español Manuel Carranza y su esposa tucumana, Josefa Tejerina. La elección obedeció que estos tenían en su domicilio un oratorio dedicado a la Virgen,  cumpliendo una promesa de la señora Tejerina. Cada año entregaba la imagen resplandeciente para la procesión.  Cuando llegó la ceremonia de la coronación en el año 1912, se planteó cuál de las dos imágenes le correspondía ceñir la corona original, lo que resolvió un decreto de la Santa Sede, luego de una investigación de documentos y testimonios, escogiendo a la Virgen Chica. La ceremonia de coronación fue presidida por el Arzobispo de Buenos Aires Monseñor Mariano Espinosa. Contrariada, la última descendiente del matrimonio Carranza – Tejerina, entonces cuarta generación, decide entregar la Virgen grande a los Padres  Mercedarios.

La congregación decidió enviarla a Buenos Aires para colocarla en la basílica de Nuestra Señora de los Buenos Ayres a construir, ubicada en el barrio porteño de Caballito, en la esquina de avenida Gaona y la calle Espinosa. La imagen fue recibida en el año 1913 y entronizada en la capilla edificada al lado de la actual basílica, construida en 1894 y que aún se conserva adaptada a aulas escolares del anexo colegio San Pedro Nolasco. La imagen traída desde Tucumán fue sacada en procesión por el barrio por primera vez el 24 de septiembre de 1913. Hoy se la venera en un magnífico camarín en el piso alto del templo, el cual inicialmente estaba destinado para Nuestra Señora de los Buenos Aires, a cambio, ella preside la iglesia desde su altar mayor, monumental y fina joya del arte religioso. Todo parecía página cerrada cuando en 1936 el obispo de Tucumán pidió que le fuera devuelta basándose en la tradición canónica y algunos testimonios. Los Mercedarios se opusieron a devolverla recurriendo a los documentos que certificaban la legítima posesión. Ello obligó al arzobispado a intervenir dictaminado que la imagen permanecería en Caballito. La avidez por conservarla surge de la gran devoción popular y por el hecho que se dudó que ese año haya sido la Virgen grande la llevada en procesión, fundándose que Don Manuel Carranza simpatizaba con la causa realista y podría haberse negado. De haber sido así, Carranza hubiese sido punido por Belgrano, como lo hizo con el gobernador de Santiago del Estero por razones similares.

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A la controversia Virgen chica o Virgen grande, le sucedió otra ¿Cómo era  el bastón que Belgrano ofrendó a Nuestra Señora de las Mercedes ese 28 de octubre de 1812? Mencionar la devoción que le profesaba Belgrano es innecesario. En la madrugada del 24 de septiembre había estado rezando a la Virgen pidiendo su gracia para que el triunfo acompañara a nuestras armas. Luego de la batalla se hizo tiempo para rezar, misas y novenarios en agradecimiento y para organizar una procesión acorde: Dispuso declarar feriado de guardar la semana previa, hacer que la tropa participara de las novenas e incluyó un escuadrón militar de honor. Él se alineó detrás de la Virgen con sus oficiales, incluso hizo participar de la misma al escuadrón de caballería comandado por Díaz Vélez que regresaba de la campaña de hostigamiento a la retaguardia realista, sin importar lo cansados y sucios que arribaron. Durante la procesión pidió bajar las angarillas que transportaban a la imagen de la Virgen grande, justo al ingresar al Campo de las Carreras, oportunidad en el que ofrendó a aquella su bastón de mando proclamándola Virgen Generala del Ejército del Norte. Esta es la razón por la que en la icnografía nacional luce una banda con los colores patrios.

El bastón que se acostumbraba utilizar era una vara corta, de mimbre corrientemente, como apoyo para hacer más visible las órdenes de mando, señalar objetivos o trazar un croquis en el la tierra. Pero en los años de Belgrano el mimbre era poco presente entre nosotros. Por esto nos inclinamos por los investigadores que sugieren que se usaba una caña prolijeada y lustrada. Sin una versión documentada, los artistas que acometieron la representación del bastón lo hicieron con diferentes abordajes de formato y color; con detalles cambiantes en empuñadura y regatón, pero todos coincidían en su longitud, un metro más o menos. Pero la realidad  se construyó luego de la procesión. Días después convencido que la Virgen merecía mejor ofrenda, encomienda a su hermano Joaquín Cayetano (1773-1848) en Buenos Aires, la confección de uno acorde. Este cumplió su cometido y remitió un bastón confeccionado en marfil con empuñadura y regatón en oro. Luego se le adicionó un sello en oro con el escudo de la Asamblea del Año XIII. Es probable que su confección fuera costeada totalmente por Joaquín Belgrano, quien había seguido los pasos de su padre y ya era un importante comerciante de Buenos Aires y el más allegado a Manuel Belgrano. El bastón original lo luce la Virgen chica en Tucumán. De aquel se hizo una reproducción que se conserva en el Instituto Nacional Belgraniano de Buenos Aires y de este se confeccionó el que hoy tiene la Virgen grande en la Basílica de los Buenos Aires, pero sin el escudo de la Asamblea del Año XIII.  Su confección fue confiada al Cnel. Dr. Claudio Morales Gorleri.

La imagen guardada en la basílica local  tuvo, hasta fines del  siglo XX, un largo bastón asido en su mano derecha en dos versiones al estar a la memoria del autor. Uno confeccionado en madera de caoba con pomo y regatón en oro. El otro fue similar pero acabado en esmalte blanco. El cambio por el actual se realizó el 24 de septiembre de 2012 día de la Virgen, al cumplirse 200 años de la batalla heroica. Fue una de las celebraciones más impactantes de la Virgen  en la parroquia, con la participación de una multitud de fieles y el acompañamiento del regimiento Patricios y su banda. El acto se desarrolló en el camarín de la Virgen donde el Cnel. Dr. Claudio Morales Gorleri, quien previamente pronunció una alocución referida al bastón,  depositó el mismo en las manos de la Virgen. Presidió la ceremonia el párroco padre Carlos Gómez  Orden de la Merced, acompañado por el capellán mayor del Ejército Mons. Mario Rodolfo Bonabotta, el jefe del regimiento, representantes del Instituto Nacional Belgraniano y un grupo de laicos animosos que contribuyeron a la organización del acto. Por la tarde la imagen fue sacada en procesión a cuyo regreso al templo pronunció la homilía el padre Gómez.

La mañana del acto se inició con el izamiento de la bandera patria y la colocación de un ofrenda floral al pié del busto del General Belgrano. Este es una delicada realización resuelta en bronce. No conocemos el autor pero si donde se coló, la Fundición Campaiolo de Buenos Aires. El mástil y el busto se encuentran en el patio delantero del templo, el que se extiende a la derecha del atrio y es de libre acceso en los horarios de la parroquia y visible permanentemente desde la acera gracias al frente de rejas. Son numerosas las oportunidades en las que el vecindario rinde homenaje al prócer en el referido busto.

Hay un cuarto recuerdo de Belgrano en Caballito, la escuela pública primaria Virgen Generala que lleva el Nº 24 DE 7º. La escuela tuvo su lejano origen en 1921 en la calle Georgetown 67, hoy José Juan Biedma, a media cuadra de Rivadavia Era una vieja y amplia casona del siglo XIX y que había ocupado antes la escuela Primera Junta. Allí permaneció por diez años en que fue mudada a un excelente y confortable edificio de la misma calle con el número 661, perteneciente al ex Banco Shaw. En 1943 se inició la construcción del actual edificio el que fue inaugurado el 24 de setiembre del año siguiente, edificio que fue elogiado como modelo de la arquitectura escolar. Hasta aquí la escuela llevaba el nombre Tambor de Tacuarí, pero con la nueva locación se le impuso el nombre actual. El cultivo de la memoria del Tambor de Tacuarí fue muy fuerte y mereció la donación de una  estatua representando al niño héroe confeccionada por el famoso escultor y vecino Luis Perlotti, quien para la ceremonia de inauguración donó un busto de Sarmiento. La cooperadora escolar conservó su nombre original Tambor de Tacuarí. Los 24 de septiembre, ajustado al calendario escolar, se recuerda con diferentes abordajes la batalla de Tucumán.

Este trabajo ha sido publicado en la página: buenosaireshistoria.org

Fuente: Revista Horizonte

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