Ciudad Autónoma de Buenos Aires

Emigró de Venezuela hace dos años, no pudo ver nacer a su hijo menor y sueña con conocerlo

Entrevista a Grabriel Herrera, un padre venezolano que vino a Argentina para enviarle dinero a su familia (Infobae)

“Mi mujer y yo comíamos una vez por día. Si no, no alcanzaba para mi hijo mayor”, asegura Gabriel Herrera (31 años) sobre sus últimos días en Venezuela. Habla en plural porque Daniela Ramos, su esposa, es cómplice en la resistencia. Y lo cuenta en el departamentito que alquila en Avellaneda, a 7.300 kilómetros de la casa de sus suegros en el Valle, en Caracas, dónde su esposa quedó con sus hijos, Nicolás (8) y Damián (1 año y 7 meses), a quien no conoce.

“Nos estábamos desgastando. No era sano. Yo tenía un muy buen trabajo como gerente en una empresa de correo pero no alcanzaba para nada”, detalla Gabriel, que es técnico universitario en comercio internacional. Entonces se deja llamar Gabi, aunque en su tierra es Gabo, mientras agrega que su mujer trabajaba como maquilladora. Y todo es en pasado porque en Venezuela ya no hay ni para la coquetería.

Conmovidos por el caso, la Fundación Saun, se dispuso ayudar a Gabriel. Esta es su historia y cómo podés colaborar para que finalmente conozca a su hijo y pueda traer a su familia.

-¿Cómo tomaste la decisión de venirte?

Publicidad

-Todo se agravó en el 2015, cuando Nicolás Maduro tomó posesión. Desde entonces emigramos en manada. Tengo amigos, primos y tíos regados por todas partes. Varios en Argentina. Nos fuimos quedando solos… Me di cuenta que si seguía allá iba a llegar un momento en el que tampoco le iba a poder dar de comer a mi hijo. Un sueldo promedio de 10 dólares no te alcanza para nada. Las escuelas estaban cerrando porque los profesores se iban. El país se estaba poniendo muy chiquito. Entonces dije: “O salimos y lo intentamos afuera o nos quedamos a morir de hambre”.

Gabriel vive en un departamento en Avellaneda. (Gastón Taylor)
Gabriel vive en un departamento en Avellaneda. (Gastón Taylor)

-¿Dirías que fue de la noche a la mañana?

-Totalmente. Con Chavez íbamos decayendo, pero cuando Maduro tomó el poder todo fue en picada. La desesperación era cotidiana. Las madres se lanzaban con sus hijos al metro para suicidarse. Eso pasaba una vez por semana. Un año antes de venirme vi a una mujer tirarse desde el piso 17. Y cuando tu ves eso dices: “¡Dios, no puede ser!”. Ya no se celebraban los cumpleaños, ni las Navidades.

-Pero hay que tener los medios económicos para irse…

Publicidad

-Claro. La primera vez que un amigo de toda la vida, que está acá, me preguntó si me gustaría intentarlo en Argentina, a mi se me llenaron de agua los ojos. Me llamó y unos días lo mantuvimos en privado. Yo no tenía el dinero. Pero él me ofreció pagarme el pasaje y que se lo devolviera con el tiempo. Le prometí que trabajaría de lo que fuera para cumplir con mi palabra.

-¿Qué te dijo tu esposa cuando le contaste el plan?

-Fue una conversación difícil pero obligatoria. Yo no tenía cómo sacar a mi familia. No los iba a traer sin nada seguro aquí. Le dije que creía que se abría una puerta para darle un futuro a nuestros hijos. Ella llevaba tres meses de embarazo y me contestó: “¿Sabes que no vas a conocer a tu hijo?”. Y le dijo que si me quedaba no iba a poder darle de comer. Yo tuve una niñez con educación y padres increíbles. Me destruye no poder darle eso a mis hijos. Le expliqué que prefería perder un año matándome trabajando para poder sacarlos del desastre. Y lo entendió. No me iba a detener. Era lo mejor para todos. No había otra opción.

Para ayudarlo entrá a https://saun.org/casos/caso/GabrielxGabriela  (Gastón Taylor)
Para ayudarlo entrá a https://saun.org/casos/caso/GabrielxGabriela (Gastón Taylor)

-¿Cómo fue la despedida?

-Salí de Venezuela el 13 de abril del 2018. Fue un día bastante difícil. Nicolás es muy apegado a mi. Por más que intentamos explicarle, no quería que yo me fuera. Lloramos todos. Mi papá, mi hermano, Daniela y Nico. Todos quedaron allá. A mi me tocó montarme a ese autobús, cerrar los ojos, respirar hondo y decir: “Buen, esto lo hago por ellos”. Fue un viaje muy duro. Tardé casi 9 días en llegar. Vine por Colombia, Ecuador, Perú, Chile y finalmente Argentina. Tuve que hacer en avión el último tramo porque se me vencía el papel que acredita que no tengo antecedentes penales en Venezuela y que me permitía sacar la residencia en Argentina. Más de una vez pensé en regresar. Por más que tengo amigos, estoy solo.

-¿Cómo te fuiste acomodando?

-Un amigo me fue a buscar a Ezeiza y estuve un mes en su casa. No me cobró un peso. Después viví un mes en lo de una pareja de venezolanos. Tampoco les tuve que pagar. Gracias a eso pude reunir el dinero para saldar la deuda del viaje. Viví cuatro meses en una habitación en Almagro. Hace un año me mudé acá porque el cajero del kiosco donde trabajaba le habló de mi a un remisero que me presentó como si fuera su hijo al dueño de este departamento. Me ayudaron. Sino, es muy difícil entrar a un alquiler.

-¿Tuviste muchos trabajos?

-A la semana de mi llegada ya estaba como playero en un estacionamiento. Estuve cuatro meses. Después fui ayudante de mesonero en un restaurante. Y durante ocho meses atendí el kiosco. También hice delivery con una app. Y ahora soy remisero. Siempre que cambié de trabajo fue para mejor. Al principio ganaba 10 mil pesos y trabajaba 12 horas los 7 días de la semana. Pero cuando llegué era una gloria. Mi esposa estaba embarazada y yo tenía que mandarle la mayor cantidad de dinero que pudiera. Como ya estaba acostumbrado a comer una vez al día lo seguí haciendo. Así ahorraba hasta el último peso.

Trabajó en una playa de estacionamiento, en un kiosco, con una app de delivery y ahora maneja un remis. (Gastón Taylor)
Trabajó en una playa de estacionamiento, en un kiosco, con una app de delivery y ahora maneja un remis. (Gastón Taylor)

-¿Cómo viviste a la distancia el nacimiento de tu hijo?

Damián nace a los dos meses de mi llegada aquí: 26 de junio del 2018. Yo estaba en el estacionamiento y recibo una llamada de una tía de Daniela. Me comenta que estaba con trabajo de parto. ¡Yo no sabía dónde meterme! El encargado me dejó hablar con mi papá. Le dije que fuera al hospital y me contara todo lo que estaba pasando. Porque el embarazo no había sido fácil… Allá los hospitales están muy mal. Tenés que llevar tu propio algodón, gasas y vendas. Vas a uno, te pueden rechazar y vas a otro y te pueden rechazar.

-¿Daniela pasó por eso?

Cuando llegó al hospital dónde finalmente dio a luz ya estaba con el bebé prácticamente afuera porque en ningún otro sitio la querían atender. Damián nació desnutrido porque Daniela estaba comiendo muy poco. Además, bajó de peso en los días posteriores. Decían que podían fallecer. Pero al quinto día se fue recuperando. Hasta el sol de hoy está bien. Gracias a Dios. Aunque los tres están flacos. Pudo ir sólo una o dos veces al pediatra desde que nació… No hay para pagar nada de eso. Lo que les mando es para comer.

-¿Cómo lo viste virtualmente por primera vez?

-Mi papá tenía un teléfono que podía hacer video llamada. Entonces le dije que grabe y saque fotos de todo. En el primer video se ve que mi esposa sale del hospital con el bebé en brazos y Nicolás, que está esperando en el carro con el abuelo, lo mira y se asombra como diciendo “qué es esta cosa que está aquí”. ¡Fue un espectáculo! Habían pasado una semana internados y recién pudimos verlo a la semana de nacer. Ahora todo el tiempo pido que me manden fotos y cuando hablo, hago capturas de pantalla para guardar. Me dice Tati. Veo fotos y videos todo el santo día. La primera vez que caminó. ¡Todo! Estos primeros años de su vida son espectaculares… Y me los estoy perdiendo.

Gabriel habla por teléfono con su hijo Damián, que no conoce.  (Gastón Taylor)
Gabriel habla por teléfono con su hijo Damián, que no conoce. (Gastón Taylor)

-¿Soñás con el momento de conocer a tu hijo menor y de reencontrarte con tu familia?

-Sueño demasiado. ¡No tienes idea! Estoy en el aeropuerto y ellos llegan… De hecho, a veces estoy sentado en el colectivo y se me sale una lágrima soñando… Yo sé que en algún momento va a pasar. Pero hay que dejar que el tiempo decida cuando. Sé exactamente como va a ser ese momento. Nicolás va a venir corriendo y me va a abrazar. Yo, a Daniela. Y voy mirar al bebé. Tal vez Damián, cuando me vea se pregunte quién es este que le da un beso a mi mamá. Pero voy a hacer lo imposible para que me quiera como me ama Nicolás.

-Podrían vivir en esta casa…

-Sí. Fue una de las primeras cosas que le pregunté al dueño. Me dijo que no había problema. Espero poder verlos pronto… Los tres tienen su pasaporte, después de ocho meses de trámites. Sé que tomé la decisión correcta, pero estoy preocupado porque hasta el sol de hoy no los he podido traer. Tengo unos ahorros, pero no me alcanza. La meta es que lleguen antes de que Damián cumpla los dos años. Es que no aguanto un día más sin poder tener en mis brazos por primera vez a mi hijo. Y abrazar a toda mi familia.

Para ayudar a Gabriel Herrera entrá a https://saun.org/casos/caso/GabrielxGabriela o contactate con Gonzalo Erize de la Organización Saun al 1156249634. Necesitamos solventar dos tickets aéreos de Caracas a Buenos Aires.

Seguí leyendo:

Cristian y Valeria, dos policías solidarios: abrieron las puertas de su casa para alimentar a 50 chicos todos los días

A los 92 años, murió la Abuela de Plaza de Mayo, Berta Schubaroff

Día Mundial de los Humedales: reclaman a los políticos acciones para asegurar su preservación

Fuente: https://www.infobae.com/sociedad/2020/02/02/emigro-de-venezuela-hace-dos-anos-no-pudo-ver-nacer-a-su-hijo-menor-y-suena-con-conocerlo/

Artículos relacionados

Volver al botón superior

Adblock Detectado

En este sitio vivimos de la publicidad de anuncios, por favor para navegarlo quitá tu Bloqueador de Anuncios.