Ciudad Autónoma de Buenos Aires

Entendiendo la última crisis política en Venezuela

Juan Guaido, presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela (REUTERS/Carlos Garcia Rawlins)
Juan Guaido, presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela (REUTERS/Carlos Garcia Rawlins)

La crisis en Venezuela ha alcanzado niveles de enfrentamiento muy graves. La decisión del presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó, de designarse presidente interino y la actitud impertérrita de Nicolás Maduro de aferrarse al poder a pesar de las presiones externas no auguran una resolución pacífica del conflicto. El Gobierno de Nicolás Maduro continúa actuando con firmeza, sin mostrar signos de debilidad después de los apoyos recibidos, entre otros, de México, Cuba, el Vaticano, Rusia, China y Turquía.

El Grupo de Lima, integrado originalmente por 14 países, emitió una fuerte declaración señalando una hoja de ruta para la normalización institucional de Venezuela a pesar de reconocer que la solución de la crisis política corresponde a los venezolanos. El punto 3 demanda la transferencia del Poder Ejecutivo a la Asamblea Nacional hasta la realización de nuevas elecciones, interpretado como una señal al presidente Guaidó para autoinvestirse como presidente provisional. La formación de este Grupo tuvo el propósito de reunir gobiernos con posiciones afines para acelerar los tiempos ante las dificultades de la Organización de los Estados Americanos (OEA) para aplicar los artículos 20 y 21 de la Carta Democrática.

La heterogeneidad política de los miembros de la OEA demoró la condena al Gobierno de Venezuela, a pesar de los esfuerzos desplegados por el secretario general Luis Almagro, que le valieron su expulsión del Frente Amplio de Uruguay. La OEA recién pudo avanzar en junio del año pasado; la resolución desconociendo el proceso electoral de mayo y efectuando un llamado a la implementación de la Carta Democrática recibió solo 19 votos, sin llegar a la mayoría requerida para su ejecución. El 10 de enero el Consejo Permanente aprobó “no reconocer la legitimidad del nuevo término de Nicolás Maduro” y llamó al “diálogo nacional con la participación de todos los actores políticos venezolanos para alcanzar la reconciliación”, sin referencia en esta oportunidad a la Carta Democrática ni a la Asamblea Nacional. La resolución recibió 19 votos a favor, 6 en contra y 8 abstenciones. México volvió a abstenerse como lo había hecho en el Grupo de Lima.

La formación de un Grupo ad-hoc integrado por países que comparten una misma orientación para tratar un conflicto regional es una posición cómoda y pone en tela de juicio no solo la existencia de los organismos regionales sino también la diversidad que los caracteriza. En esta oportunidad, las diferencias en las declaraciones son el nivel de apelativos intercambiados para conceptuar a Nicolás Maduro, que no difieren mucho de los utilizados por el dirigente venezolano, siempre proclive a un lenguaje procaz, sino también la propuesta de transferir el Ejecutivo a la Asamblea Nacional, que constituye una sugerencia audaz de resolución del conflicto interno porque implica la salida de escena de Nicolás Maduro y su grupo.

El cambio de visión de México infligió un daño a la credibilidad del Grupo y fortaleció a Nicolás Maduro. El presidente Andrés Manuel López Obrador hizo referencia a la posición tradicional de respetar el principio de no injerencia en los asuntos internos para sustentar su voto, lo que siempre resulta útil para disfrazar las simpatías con los gobiernos cuestionados. Este principio, considerado arcaico en su formulación originaria, estuvo basado en el respeto a la soberanía de los Estados y en el derecho de cada uno de elegir su propia forma de gobierno, con el propósito de preservar la paz. La ampliación de la responsabilidad de los Estados en las últimas décadas al respeto de la dignidad y los derechos básicos de la población ha limitado el concepto de soberanía, aunque hay que reconocer que los países grandes siempre tienen margen de flexibilidad para interpretarlo.

Los Estados Unidos, a través del portavoz del Departamento de Estado, declararon su apoyo a Juan Guaidó y la transición ordenada a un nuevo gobierno en sintonía con la declaración del Grupo de Lima. La realidad es que la Asamblea Nacional tiene escasas posibilidades de alcanzar su cometido mientras se mantenga la unidad de las Fuerzas Armadas detrás de Nicolás Maduro. El apuro y la ofuscación no deberían decidir las opciones. Es importante que el conflicto en Venezuela se resuelva sin intervención militar externa y sin promover un enfrentamiento armado entre civiles y militares.

El autor es diplomático.

Fuente: https://www.infobae.com/opinion/2019/01/16/venezuela-ni-guerra-civil-ni-intervencion-militar/

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