Ciudad Autónoma de Buenos Aires

La animación es el mejor medio para hablar de salud mental

Captura de pantalla vía ‘BoJack Horseman’ / Netflix

Captura de pantalla vía ‘BoJack Horseman’ / Netflix

‘BoJack Horseman’ es uno de muchos dibujos animados que capturan cosas sumamente realistas sobre la depresión, precisamente porque sus entornos no lo son.

Reino Unido – Muchas nuevas series de televisión muestran o cuentan con un hilo conductor relacionado a los problemas de salud mental en sus personajes. Girls, Fleabag y Crazy Ex Girlfriend siguen las vidas caóticas de mujeres jóvenes (casi todas blancas y de clase media) con trastornos de personalidad; End of the F**ing World y 13 Reasons Why tienen acercamientos radicalmente distintos pero igual de intensos a traumas adolescentes; This is Us, Mr. Robot y Homeland están cimentados en la ansiedad, la disociación y la bipolaridad, respectivamente.

Aunque no son perfectos, shows como estos marcan un punto de giro importante alejándose de estereotipos ridículos —las “heroínas trágicas” como Marissa Cooper de The OC, o Jenny Schecter de The L Word, así como los “genios difíciles” como los de Sherlock, House y Dexter— y acercándose a representaciones de enfermedades mentales. Al menos las enfermedades más aceptadas socialmente.

Y aquí es donde entra BoJack Horseman: un dramedy en dibujos animados sobre un caballo famoso que cambió todo.

BoJack Horseman se estrenó en Netflix en 2014 y trata sobre una excelebridad desmedida que fuma demasiado, bebe demasiado, tiene sexo con cualquiera y en general es terrible. Un Charlie Harper equino, básicamente. En un primer vistazo, la serie es una sátira astuta de Hollywood en la que humanos y animales antropomórficos conviven por razones que desconocemos. Cuenta con su cuota de comedia física, referencias a la cultura pop y con un personaje destacado que en realidad son tres niños en una gabardina pretendiendo ser un adulto. Pero BoJack no cae en las mismas fórmulas que otras comedias animadas para adultos —Bob’s Burgers, Rick and Morty, The Venture Bros— cuyos momentos emotivos y fuertes suelen estar distanciados entre sí, o mitigados por un tono “machito”. Hay una honestidad y una compasión que mantienen a BoJack aterrizado mientras abarca temas que van desde la adicción hasta la infertilidad, y eso la destaca; no solo dentro de la animación, sino dentro de toda la televisión.

Después de su segunda temporada, The New Yorker la llamó “una de las [series] más sabias, y más ambiciosas emocionalmente” de la actualidad. Pero su impacto se resume mucho mejor con uno de los comentarios recientes de una compilación de YouTube llamada “BoJack Horseman Top 10 Depressing Moments”, en la que el usuario simplemente escribe: “Dios mío”.

Ahora, en su quinta temporada, BoJack solo se ha vuelto más profunda y oscura. Los nuevos episodios lidian con el luto, la adicción a los opiáceos y, a pesar de haberse escrito muchos meses antes de las acusaciones frente a Harvey Weinstein del pasado octubre, logra resumir los efectos de #MeToo en una sola línea de diálogo (“No hay tal cosa como buenas personas o malas personas… Lo único que podemos hacer es intentar hacer menos cosas malas y más cosas buenas”). Pero más allá de los meta-comentarios, BoJack ha traído consigo algo realmente valioso sobre la forma en la que se representa a la salud mental en la televisión, porque no solo visualiza la depresión desde afuera, sino como puede sentirse. Mientras que los dramas con personas de carne y hueso están limitados por los parámetros de la lógica, la animación tiene mucho más campo de experimentación para manifestar emociones que muchas veces son abstractas. BoJack es capaz de capturar cosas profundamente realistas de la depresión precisamente porque su entorno no lo es.

Ya sea representando la demencia de la madre de BoJack (S4E11), donde las caras están tachadas o borrosas; la violencia alucinatoria después de una fiesta particularmente pesada con drogas (S1E11); o un colapso nervioso inducido por opiáceos que hacen que BoJack confunda su realidad con escenas de una serie en la cual actúa (S5E11), la animación experimenta constantemente para simular experiencias y emociones para las cuales el espectador puede o puede no tener puntos de referencia. No importa si nunca te has vuelto nada con un coctel de drogas tan fuerte que altere tu memoria y tus sentidos, por ejemplo, porque ver a un caballo caricaturesco lavarse la cara y ver en el reflejo del espejo la imagen de un caballo real te hará sentir igual de desorientado.

En su libro de 2017, The Weird and the Eerie, Mark Fisher define lo extraño como “aquello que no pertenece”, mientras que lo inquietante indica una ausencia donde debería haber presencia o viceversa. Estas son cualidades que Fisher le atribuye sobre todo a la ficción escrita, a las películas de ciencia ficción y a David Lynch, pero uno podría detectarlas perfectamente en los momentos más oscuros de BoJack.

Fundamentalmente, BoJack es extraño. Toma una locación (Hollywood) que reconocemos porque existe, y la llena de creaciones que no pertenecen. Combinemos eso con el hecho de que hablamos de un dibujo animado, y de repente todo se siente inherentemente desconectado y ridículo; las reglas que normalmente aplicarían a esa locación se vuelven obsoletas. Así que cuando los personajes hacen algo —manejar por fuera de la carretera, estrangular a su pareja, morir— afecta más de lo que haría en una serie cercana a nuestra realidad, porque uno no está dirigido a esperar estas cosas.

BoJack también se inclina ante lo inquietante, y es ahí donde la representación de las emociones abstractas surgen. Del mismo modo que Bob de Twin Peaks es más aterrador que el asesino del Zodiaco en American Horror Story, las exploraciones de estos problemas en BoJack a través de lo surreal —pero con un pie en la realidad— es lo que lo hace tan desolador. Aunque tiene el formato típico de una sitcom, su estilo es pensado como en el de una novela gráfica, aquietándolo a uno en una falsa sensación de seguridad por lado y lado. El impacto por ver cómo se desenvuelven la depresión, o la adicción, la demencia, los efectos en cadena del trauma infantil, o la violencia de género es mayor porque se requiere de nosotros una suspensión de incredulidad para involucrarnos con ese universo en un primer lugar. Destellos de nuestra realidad, entonces, se filtran.

Lisa Hanawalt, productora y diseñadora de producción del show, le dijo a Vanity Fair cuando hablaban de una escena de la quinta temporada en la que Bojack estrangula a su coprotagonista y novia, Gina: “Aún encuentro [esa escena] muy, muy perturbadora […] Todavía más porque la animación es vista de alguna forma como algo para niños. Así que cuando los dibujos animados hacen cosas tan reales como esta, es aún más desconcertante”.

El hecho es que es difícil hacer que los problemas mentales se vean interesantes. En una conversación el año pasado, Jenni Regan —asesora de medios para el instituto de caridad de salud mental Mind, quien trabaja directamente con telenovelas y dramas— dijo, “la depresión es muy aburrida de mostrar. Si alguien está deprimido no va a querer hacer mucho; querrá estar bajo las cobijas, y eso no es muy dramático”. Según Regan, las telenovelas y los dramas están en una búsqueda constante de tramas que se sientan “dramáticas sin estigmatizar la reacción en cadena”.

La animación logra aludir ese problema por completo. Puede jugar con formatos que no funcionarían o se verían ridículos si se usaran con personas de carne y hueso. El episodio de la cuarta temporada “Stupid Piece of Shit” le da voz al monólogo interno de BoJack a través de ilustraciones crudas que aparecen a medida que él se castiga durante el día, mostrando con precisión un aspecto importante de la depresión que muchos shows no pueden capturar: que lo que se dice o hace no necesariamente tiene concordancia con lo que se piensa o se siente. Por otro lado, a pesar de que cuenta con gran sabiduría, el corazón de BoJack Horseman se encuentra con frecuencia en los momentos que se muestran y no los que son articulados.

Uno de los episodios más aclamados por la crítica —”Fish Out Of Water”, en el que BoJack intenta reunir a un caballito de mar bebé con su padre y al mismo tiempo disculparse con una directora a la que hizo despedir— no contiene diálogo hablado. El episodio ocurre bajo el agua, en el Pacific Ocean Film Fest. Aislado, en un entorno en el que no se puede comunicar o acudir a sus mecanismos de defensa (no se pueden hacer comentarios mordaces; no se pueden prender cigarrillos, obviamente; cuando trata de beber, el contenido de su frasco sale flotando), BoJack debe reconocer cómo se siente. Veinte minutos de silencio habrían sido difíciles de sobrellevar sin el detalle y la intriga de la animación (que está basado en el estilo de los Laugh-O-grams de Walt Disney), y ni mencionar los muchos apuntes metatextuales sobre el dolor y la soledad.

BoJack Horseman no es el único dibujo animado en presentar con precisión estados emocionales complejos a través de lo surreal. Adventure Time se tornó intensamente devastador en su décima temporada, lidiando con temas de identidad, sexualidad y muerte, a pesar de ser un show principalmente para niños (y marihuaneros). La miniserie de Cartoon Network Over The Garden Wall está llena de ansiedad, vergüenza y preocupación. La atmósfera de incertidumbre es cultivada a propósito para capturar lo que ocurre entre enfrentar algo, y reaccionar a ello. En este caso es la pausa entre la vida y la muerte, la infancia y la adultez, el optimismo y el realismo. Con un enfoque menos inquietante, Big Mouth de Netflix manifiesta las fuerzas de la pubertad como monstruos gigantes y calientes; funcionando no solo como un show educativo, sino también como una comedia que elimina el estigma de hablar de erecciones y periodos al hacerlos temas graciosos.

BoJack es diferente porque habita un universo específicamente adulto. Mientras que Adventure Time, Over The Garden Wall y Big Mouth navegan temas existenciales con algo de esperanza y valentía particulares a la infancia, BoJack es el golpe devastador de decepción que nos da la adultez en forma de un dibujo animado divertido. Nos muestra el corredor oscuro sin la comodidad de la luz al final. Después de cinco temporadas de comportamiento cíclico, uno se queda pensando si BoJack —un personajes que se supone debes reconocer, pero no idolatrar— está destinado a repetir la misma narrativa por siempre, de la misma forma que Dale Cooper queda suspendido en muchos mundos, destinado a no salvar a Laura Palmer en ninguno de ellos.

Hay algunas cosas, algunos sentimientos o estados mentales que pueden sentirse tan oscuros que es difícil confrontarlos de frente (valga la redundancia). Uno necesita acolchonarlos con un chiste o un universo ficticio o por medio de palabras saliendo de la cabeza de un caballa con un suéter de lana. Por medio de sus cualidades infantiles, BoJack ofrece cierta seguridad en la distancia a veces requerida para poder comunicar apropiadamente alguna cosa. Pero el miedo encuentra la forma de infiltrarse —siempre lo hace— a través de lo extraño y lo inquietante.

Publicado originalmente por VICE.com

Fuente: https://www.infobae.com/america/vice/2018/10/07/la-animacion-es-el-mejor-medio-para-hablar-de-salud-mental/

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