Ciudad Autónoma de Buenos Aires

La crisis, 2001, 2019, y por qué extrañamos tanto a Ricardo Fort

Una de las imágenes emblemáticas del estallido social de diciembre de 2001 (NA)
Una de las imágenes emblemáticas del estallido social de diciembre de 2001 (NA)

Esta película ya la vimos, compatriotas. Algunos creen que tendrá otro final, menos trágico, pero otros juran que es la misma historia, y también están los que piensan que será mucho peor. Esta crisis económica de hoy, tan abismal, salpicada con medidas desesperadas y gente de a pie que sufre y mastica bronca en silencio, nos remite directamente a 2001. La madre de todas las crisis.

El 2001 fue un año de terror y locura masiva al que nadie quiere volver. Todos guardamos en la memoria una primera imagen, el pequeño síntoma de lo que después se desataría en las calles. La escena que rompió el límite, del silencio a la furia incontenible.

Como loco de una guerra, este periodista no es capaz de recordar esas imagines sin quebrarse. Gritos y golpes frente a los bancos, el Estado de Sitio, un helicóptero, cinco presidentes, Racing campeón, exilio voluntario, Ezeiza, Barajas, algo de suerte, una revista que dirigir en Madrid. En el Metro, rumbo a Plaza Castilla, una mañana “descubrió” a gente con ojos cansados, tristes, aburridos de la rutina, o la normalidad. Un país normal. Entonces supo exactamente de dónde venía. Un país con gente con ojos muertos, vacíos, sin esperanza. Esos ojos, eran los suyos.

Otra imagen emblemática de lo que ocurrió en las calles porteñas en diciembre de 2001 (Télam)
Otra imagen emblemática de lo que ocurrió en las calles porteñas en diciembre de 2001 (Télam)

La crisis del 2001 fue una herida brutal para un país que durante diez años circulaba a fondo, eufórico, en una autopista que parecía eterna. Solo acelerar y recitar las dos ecuaciones clásicas de la época.

Publicidad

a) “Cavallonómics: 1 peso = 1 dólar”, lo que nos convertía en pequeños jeques con fecha de vencimiento y final de Cenicienta, sin zapatito de cristal, huyendo de la fiesta.

b) “¡Deme dos!”, repetido como metralla en los comercios de los cinco continentes. Cómo nos amaban.

El 2001 fue como un accidente en la autopista Menem-Alianza, a fondo y con furioso choque de frente. Resultado: huesos rotos, cirugía, hemorragias internas, respiración artificial, recuperación lenta. ¡Salvados de milagro! El periodista, que trabajaba en una editorial española, volvió al país en 2004 por la visa, pero se quedó. Porque la economía repuntaba y además, creía que sería más sencillo volver a enamorarse aquí, que allá. Esas tonterías que crecen y se anidan en el cerebro de un argentino, dos metros después de cruzar la frontera.

El ex presidente Fernando De la Rúa (NA)
El ex presidente Fernando De la Rúa (NA)

Si 2001 fue un choque de frente que te deja groggy, 2019 es más parecido a deslizarse en la trampa más temida por los exploradores onda Rubio de Camel: las arenas movedizas. Una vez atrapado allí, quién se queda quieto se hunde, y quien se mueva… se hundirá más rápido.

Publicidad

La crisis del 2001 fue una herida brutal para un país que durante diez años circulaba a fondo, eufórico, en una autopista que parecía eterna

Si el choque de frente demuele, provoca amnesia parcial y nadie sabe bien por qué pasó lo que pasó, hundirse en arenas movedizas es una desgracia lenta, espantosamente lenta. Uno se acostumbra a la situación, la naturaliza, a veces se confía, piensa que la caída terminó y hasta deja de pedir ayuda. Hasta llegamos a pensar que, en realidad, estas arenas movedizas existieron siempre. Que la vida es así nomás, con nosotros adentro.

Argentina nunca ha sido un país amable una vez que alcanza su límite de incomodidad. Basta con repasar la historia de los últimos 60, 70 años, llena de protestas callejeras que cambiaron la historia. Por ahora, prevalece cierta sensatez. Después de cualquier desahogo violento, los que pierden, de una y otra manera, son los mismos. El hilo más fino para cortar: los que menos tienen.

Hoy, aquí, ahora mismo, hay situaciones desesperantes, gente que come una vez por día o salteado, chicos que van a comedores, jubilados que no pueden comprar sus remedios. Los casos límite son muchos, cada vez más, y se muestran en televisión, sin filtro.

La clase media-media nativa vive otra realidad, menos dramática por ahora, pero muy curiosa. El fenómeno del acostumbramiento; acostumbrarse mansamente a la pérdida.

En marzo el INDEC registró un aumento de la pobreza en su última medición que llegó al 32% (Foto NA/Juan Vargas)
En marzo el INDEC registró un aumento de la pobreza en su última medición que llegó al 32% (Foto NA/Juan Vargas)

Algunos arquitectos híper-adaptados trabajan para convertir en tendencia la aventura de vivir, digamos, en un micro-recontra-mini-ambiente que incluya un living comedor, la cocina, el dormitorio y un bañito en menos de 20 metros cuadrados. Otros integrantes de la clase media-media, incapaces de pagar en cuotas ese simpático cajoncito apenas más grande que el ascensor, se desayuna gracias a las estadísticas que salen en la tele… que ya no es más clase media. Su nuevo status es flotar en el purgatorio de los que caen en algo más complicado que en “la educación pública”, como alguna vez, ay, ha dicho algún alto funcionario.

Tomemos un caso al azar. Padre y/o madre de familia, profesionales con sueldos aceptables, vecinos de Belgrano, Caballito o Palermo, que mandan a sus hijos a una escuela privada, pero no tenían en sus planes hacerse cargo de los gastos que no pueden afrontar ni sus padres jubilados, ni sus suegros, también pensionados.

La clase media debió recortar gastos y busca cada vez más ofertas en los supermercados (NA)
La clase media debió recortar gastos y busca cada vez más ofertas en los supermercados (NA)

Esta gente, que no hizo nada como para tener problemas económicos, salvo vivir en el país equivocado en la época equivocada, comienza a naturalizar pequeñas privaciones que, en suma, eran los gustos que, como buena clase media-media argentina, está acostumbrada a tomarse.

Nada de vacaciones en el exterior como en 2017, nada de invitar a amigos a restaurantes sofisticados, nada de invitar amigos a bodegones de buen comer, nada de invitar amigos a un bar. Olvidarse de las salidas al cine o al teatro. Ver películas por Netflix, con pizza pedida por una aplicación. Vender uno de los dos autos. Vender los dos autos. Tomar menos taxis o Uber. Tomar colectivos, subte o tren. Probar con bicicletas, en especial los chicos. No renovar el vestuario al cambio de cada estación. Comprar menos ropa. Arreglarse con lo que hay en el placard. Y así.

La pendular clase media argentina, que suele verse a sí misma como parte del sector culto y más pudiente, de pronto se sorprende siendo parte del sector esclarecido pero seco de bolsillo y lleno de deudas. He ahí el secreto de su voto. Ellos tienen una larga experiencia en eso del ir y venir, de la cama al living como Charly García, de la izquierda a la derecha y viceversa, de los aviones al bondi lleno.

El autor de esta columna, antes muerto que sencillo, tuvo la genial idea de casarse, alguna vez, en julio de 1989, el mes con mayor inflación de toda la historia. La inflación superaba el 150% mensual, las empresas pagaban los sueldos por semana o quincena, y un plazo fijo a 30 días pagaba una tasa de interés del 1.200% anual, pero aun así perdía fácil con el dólar. Las radios, cada 15 minutos, daban la hora, la temperatura y la cotización del dólar. Así, con la oreja pagada al transistor, los comerciantes iban cambiando los precios a lo largo de la jornada.

La pendular clase media argentina, que suele verse a sí misma como parte del sector culto y más pudiente, de pronto se sorprende siendo parte del sector esclarecido pero seco de bolsillo y lleno de deudas

El proyecto era una linda fiesta y un viaje a Europa. Imposible. Terminó con un Matarazzo Party en casa, y unos días a una casa familiar, en Miramar. Llenar el tanque de nafta costó una fortuna. Ése fue el regalo de un amigo fotógrafo que vivía en Madrid y había llegado con solo 3.000 dólares para quedarse menos de un mes. Se quedó seis.

Hay una explicación oficial muy original para explicar estas faltas, estos océanos de escasez en los que navegamos. “Hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”, dijo más de una vez el presidente Macri. “Aquel supuesto bienestar era falso, no existía”, repitieron otros funcionarios, echando mano a la metafísica para culpar al anterior gobierno. “Se ha alentado el sobreconsumo, le hicieron creer a un empleado medio que podía viajar y comprarse celulares, plasmas con su sueldo y eso no es así”, reflexionó con lógica asfixiante el presidente del Banco Nación, Javier González Fraga.

“Los servicios no podían ser casi gratis, eso es una mentira, y ahora hay que pagar toda esa fiesta irresponsable”, machacaron al principio de la gestión, prometiendo, en el mediano plazo, luego del inevitable esfuerzo, un futuro “de verdad”, con felicidad, trabajo de calidad, inversiones, en fin, ya conocemos aquel rezo laico tan creativo, tan atrás en el tiempo.

Nadie puede negar que el precio de las tarifas estaba atrasado. Es opinable si fue una buena idea o no; si eso paralizó obras de infraestructura, o no. Lo cierto es que fue una decisión política. Se subsidiaba al consumidor y el gobierno le pagaba a las empresas (nosotros, en realidad, con los impuestos). De este estado de situación, se pasó a un aumento descomunal que se mide en miles por ciento. ¿Qué hay de un extremo al otro, tan alejados entre sí? Dos maneras diferentes de ver la vida y el mundo. Dos políticas.

Los aumentos de las tarifas, otra marca del gobierno actual
Los aumentos de las tarifas, otra marca del gobierno actual

La torta nunca fue prestada, ni la trajo la tía soltera que ama a sus sobrinos del alma. La torta, la riqueza de un país, está. No desaparece de golpe ni surge fugazmente gracias a algún viento de cola, dicho esto con todo respeto. La clave es que se hace con esa torta. Si se la comen los que organizan el cumpleaños y buenas noches; o la reparten con los demás invitados, vos un poquito más, vos un poquito menos. No es tan difícil.

Desde Adam Smith en adelante, el liberalismo económico le propuso al mundo varios axiomas básicos que el capitalismo aceptó y adoptó con bastante éxito, más allá de las sucesivas crisis de sistema, que no han sido pocas, con la URSS enfrente y ya sin la URSS. Un rápido punteo: la Gran Depresión de 1929 en Estados Unidos, la crisis del Petróleo de 1973 y, ya caído el Muro de Berlín, el Tequilazo de 1994, la Crisis Asiática de 1997, la Burbuja Puntocom de 2000 y la caída de Lehman Brothers en 2008. Y sí, puede fallar.

Si algo necesita el sistema capitalista es producir. Al producir, se genera capital, y los dueños de ese capital pueden acumularlo, reinvertirlo y seguir creciendo para darle trabajo a los demás. Bien. Esa es la visión Adam Smith. La visión marxista es diferente. Ellos afirman que el dueño del capital acumula su dinero apropiándose de la plusvalía (el valor agregado del que moldea la materia y crea riqueza) del trabajador.

Adhiriendo a una visión u otra, hay una sola cosa que queda clara y nadie se atrevería a discutir. En la producción de riqueza, como sucede con el baile de la tarantela o el sexo, uno necesita del otro. Sí o sí.

Desde Adam Smith en adelante, el liberalismo económico le propuso al mundo varios axiomas básicos que el capitalismo aceptó y adoptó con bastante éxito, más allá de las sucesivas crisis de sistema, que no han sido pocas, con la URSS enfrente y ya sin la URSS

“El capital genera riqueza y le da trabajo a todos”, explicaría un liberal clásico. “El capital necesita de la fuerza del trabajo y juntos crean la riqueza nacional”, diría un peronista de Perón, es decir, uno de manual. “Todo explotador necesita explotar a sus empleados para acumular”, bramaría un marxista. Todos coinciden en algo: si falta uno de los actores, capital o trabajadores, chau. Sonamos. No hay riqueza, ni trabajo, ni nada.

En este tiempo se ha creado, involuntariamente quiero creer, un inédito capitalismo casi sin producción, o sea: sin explotados ni explotadores. Una paradoja muy argentina.

En ese curioso estadio nos encontramos. Las empresas, grandes, medianas o chicas, no pueden subsistir (ya llevan un año, en órbita) con tasas del 74%. Entonces, es el tren fantasma. Sin producción no hay empleo, se multiplica la desocupación y el trabajo precario, no hay consumo, se profundiza la recesión, con inflación espiralizada y un dólar a la suba, se haga lo que se haga. Uf.

Ricardo Fort
Ricardo Fort

Todos extrañamos la figura del “país normal”, ese exotismo. Nada fuera de lo común. Un país que no sea el paraíso ni el infierno; donde se pueda vivir, nada más. Con tiempo libre para algo de ocio, como para salir del monotema de la crisis, todo el tiempo, bla bla, hablando de lo mismo. Una obsesión que alimenta a la grieta y deja los cerebros en off, repitiendo slogans de publicidad de yogurt.

No es tan extraño que, así las cosas, terminemos todos extrañando a Ricardo Fort.

¿Recuerdan a aquel personaje que, desde 2009 y hasta su muerte en 2013, irrumpió en los medios con su imbatible mal gusto? Un patovica con novias falsas, autos de lujo, un ridículo ejército de guardaespaldas y su insufrible pasión por el canto, y esos music halls latinos, carísimos y berretas que él mismo producía.

Hace 10 años, Ricardo Fort era un heredero millonario que causaba empatía por lo candoroso y ridículo, no por ser un mono con navaja manejando los temas públicos. Era inofensivo, infantil; se hizo famoso en las redes mientras cantaba y bailaba delante de sus Rolls-Royce y así, como una suerte de caricatura del poder real, llegó a una televisión abierta sin programas políticos (todos estaban en los canales de cable).

Todos extrañamos la figura del “país normal”, ese exotismo. Nada fuera de lo común. Un país que no sea el paraíso ni el infierno; donde se pueda vivir, nada más. Con tiempo libre para algo de ocio, como para salir del monotema de la crisis, todo el tiempo, bla bla, hablando de lo mismo

La suya era una Argentina que no te agarraba del cuello. Un país que permitía un espacio para la frivolidad, para reírse de pavada, para la evasión. Una evasión de lo más naif, sin papeles de Panamá ni fugas, en miles de millones.

Un país que hoy nos queda demasiado lejos, en un tiempo que te dejaba vivo, con cierta esperanza en lo que podía venir, mirá vos lo que te digo.

Seguí leyendo

Borges, desayuno en Maipú, muerte en Ginebra y el imposible sueño de comentar football

Cómo explicarle a un sueco todo lo que pasa en la Argentina

Fuente: https://www.infobae.com/opinion/2019/05/05/la-crisis-2001-2019-y-por-que-extranamos-tanto-a-ricardo-fort/

Artículos relacionados

8 Comentarios.

  1. Needed to compose you one tiny observation to finally give many thanks yet again for the breathtaking strategies you have shown in this case. It was so strangely open-handed with people like you to grant openly just what a few individuals could have offered as an e book to help with making some profit for their own end, most notably now that you might have tried it in case you considered necessary. Those secrets in addition acted to become great way to recognize that the rest have the identical zeal just like my own to find out whole lot more with regards to this issue. I’m sure there are some more pleasurable occasions in the future for people who look over your blog post.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Volver al botón superior

Adblock Detectado

En este sitio vivimos de la publicidad de anuncios, por favor para navegarlo quitá tu Bloqueador de Anuncios.