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Ciudad Autónoma de Buenos Aires

Por el alto valor de la cuota, crece la tendencia en cambiar la póliza del seguro

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Llenar sólo dos veces el tanque de nafta, en Capital y con súper de YPF, requiere este enero más de $ 5.300. Una cochera fija, en un garaje de un barrio medio, succionará otros $ 4.300 al mes.

La patente, cada bimestre, drenará un monto similar o mayor si el auto es relativamente joven. Y, como si a eso no hubiera que sumar fichas de parquímetro, propinas obligadas a cuidacoches, peajes y visitas al lavadero, cae la gota que rebalsa el vaso: la renovación del seguro pasa por debajo de la puerta con el aviso de otro feroz aumento en las próximas cuotas.

«Ya basta», parecen haber dicho frente a esto automovilistas de todo el país, y tomaron medidas. Así, tras varios años donde las pólizas más caras y completas venían sumando clientes, esa tendencia se revirtió.

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Compañías y brokers consultados contaron que, en los últimos meses, crecieron de forma notoria los llamados de clientes pidiendo un alivio en su cuota mensual. Esto, claro, a cambio de una cobertura menor si ocurre un siniestro. O, dicho de otra forma, una mayor exposición del bolsillo frente a los peligros de la calle.

«El asegurado se vio obligado a buscar precios, comparar y en muchos casos a cambiar de compañía. Y en general, el traspaso fue a coberturas de menor valor, contrariamente a lo había pasado en la última década, cuando la tendencia había sido a mejorar los niveles de protección», explica Julian Alí, gerente Técnico de San Cristóbal Seguros.

Este vuelco en “cascada” a planes más económicos se observó en todo nivel al profundizarse la crisis, pero con especial intensidad entre los que tenían las pólizas más costosas: aquellas que protegen contra «todo riesgo», caracterizadas por cubrir -siempre con «letra chica»– casi cualquier daño que pueda sufrir el vehículo.

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Según Alí, para seguir en esquemas todo riesgo, lo que muchos hicieron fue aumentar la franquicia de su póliza. Esto es, la parte del costo de cada siniestro que se compromete a pagar el asegurado (suele ser de $ 8 mil a $ 30 mil o un porcentaje fijo), y a partir de la cual responde la compañía. Pero otros, pasaron directamente a contratos más básicos, que cubren sólo los daños provocados a terceros y algunos siniestros graves del auto propio (como el robo total o la destrucción total).

«Los clientes se contactan con la compañía para buscar otras alternativas de cobertura», comparte Martín Paiva, gerente de Canal Directo y de Productores de La Caja, y destaca que allí les ofrecen, en esos casos, opciones con diversa relación «precio/cobertura».

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«Hoy vemos muchos clientes buscando alternativas», confirma Jonathan Lew, director de Seguros Patrimoniales del broker Grupo Absa. «Gente con seguros todo riesgo pide aumentar la franquicia o pasar a uno contra terceros completo, y logra ahorrarse quizás $ 2.000 o $ 2.500 cada mes», amplía, y dice que las opciones más restrictivas también se están eligiendo más en primeras contrataciones.

Lo que advierten los especialistas es que, al salir del seguro todo riesgo, lo que puede parecer un ahorro implica en realidad exponerse a sufrir un golpe durísimo al bolsillo ante cualquier daño que el auto sufra al andar o estacionado, y que no pueda reclamarse al seguro de quien lo provocó. Choques varios, abolladuras, rayones, impactos de granizo, ruptura de cristales y robos de partes son algunos de ellos.

Según Lew, de Grupo Absa, el todo riesgo «se ha vuelto más importante que nunca» por cómo se encarecieron las reparaciones. «Lo vemos todos los días. Hoy un choque mediano representa entre $ 200 mil y $ 500 mil en arreglos. Ante un robo de ruedas, otro caso muy habitual, las reposiciones completas están demandando $ 60 mil, $ 80 mil, incluso $ 120 mil por la llanta y la cubierta», ejemplifica.

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«Hoy sólo cambiar el espejito de un auto puede valer entre $ 20 mil y $ 100 mil. Por eso, siempre aconsejamos el todo riesgo, aunque sea con franquicia elevada, de más de $ 18 mil, que acerca la cuota a lo que sería un terceros completo», suma Montañez.

«El costo de las reparaciones se disparó y, además, la frecuencia de siniestros también creció, quizás por el mayor uso del celular al volante. Por eso, reducir coberturas hoy no parece el mejor negocio», concluye Ali.

Y aporta más ejemplos. En promedio, tomando modelos de cuatro grandes marcas, reponer sólo un paragolpes delantero cuesta hoy $ 17.123 (62% más que hace un año), una óptica $ 19.701 (103% más) y un parabrisas $ 9.236 (52% más). Y esos costos no incluyen la mano de obra.

 

Fuente: Clarin.com

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