Ciudad Autónoma de Buenos Aires

Disi, Elvira e Iliana, de eso no se habla: por qué sí

En un edificio de departamentos de Caballito fallece el señor del séptimo, tipo afable, divertido y respetado, querido por los vecinos y siempre muy compañero de su mujer, que es bastante brava, se ha peleado con varios consorcistas y es el terror del ascensor. Una vez muerto el vecino, la mujer del encargado echa a rodar que en realidad el hombre tenía un amorío con la divorciada del tercer piso, esa mujer siempre despampanante, perfumada, producida, de las que todos los esposos se dan vuelta a mirar en el pallier. Ella estuvo casada, parecían tener la familia perfecta, se defendían a muerte y eran un ejemplo; pero resulta que el marido resultó ser un tránsfuga cuando el común del vecindario lo veía como un auténtico pusilánime.

El triángulo amoroso: Iliana Calabró, Emilio Disi y Elvira Ferrer
El triángulo amoroso: Iliana Calabró, Emilio Disi y Elvira Ferrer

Pero el marido de la bella vecina terminó siendo aparentemente un bígamo metido en negocios oscuros y ahora enfrenta a la Justicia bastante guardado en los suburbios. La vecina despampanante encontró novio nuevo y anda feliz nuevamente por la vida. El ascensor del edificio se transforma en un polvorín con la historia que echa a rodar la esposa del encargado, que cuenta que el muerto del séptimo tuvo un romance con la bella del tercero cuando estaba casada con el aparente ingenuo que resultó un chanta.

El escándalo crece y en la siguiente reunión del consorcio, la viuda del hombre del séptimo, con ese carácter espantoso que la caracteriza, admite que era cierto y que una vez los pescó enredados en el laundry. El correveidile del edificio estalla por los aires hasta que un día se muda una familia de hippies al segundo y la gente cambia de tema en el ascensor.

La denominada “farándula nacional” no es otra cosa que una torre de edificios bastante grande, con varios cuerpos y pisos; los vecinos son los famosos y el resto del consorcio, nosotros. Ahora ¿si en un condominio vecinal la historia del muerto se contaría con lujo de detalles, por qué no lo haríamos en televisión? Nadie pretende “jugar con los muertos” -salvo que se preste a hacer “el juego de la copa” una noche con amigos- pero si los herederos están vivos, tienen derecho a hablar.

Algunas cuentas pendientes se pagan en vida y otras se llevan a la tumba, pero después que alguien parte de este mundo, siempre hay herederos. Y no solo por los bienes. Los hechos también son materia discutible para los que se quedan, aunque uno de los protagonistas haya partido de aquí. Y si el fallecido estaba “flojo de polleras”, mucho peor. Vamos a decirlo: Emilio Disi era un tipo bueno, ante todo. Querido por sus amigos y sin enemigos, forjó una carrera como actor de forma irreprochable.

Solo una persona en este mundo no lo quería y lo gritaba a viva voz: su ex mujer, Dorys del Valle. El humorista tenía fama de “picaflor”, pero Elvira, su mujer, fue siempre un perro sabueso buscando sangre; lo acompañaba a sol y a sombra al teatro, y lo cierto es que se los veía muy unidos. Ahora, ya viuda, Elvira confirmó un rumor que decía que su marido tuvo un romance con Iliana Calabró.

Que sea ella quien admite y da por cierto públicamente lo que antes era un rumor secreto y después difundido en televisión, le dio al tema otra trascendencia, y a falta de escándalos nuevos, los vintage parecen ganar territorio. Sépalo, querido lector: la televisión está muy difícil. “No pasa nada”, es la frase que más se escucha en los pasillos de los canales que necesitan producir horas de programas con paneles, y entonces lo pagan hasta los muertos.

Duele, obviamente, tanto por el querido Disi como por “El Cala” Juan Carlos Calabró, padre de Iliana y supuestamente involucrado porque -también supuestamente, valga la redundancia- sabía del affaire y lo habló con su amigo en un café. Incomprobable. Pero una vez conocido el rumor, la viuda -que se mordía la lengua por hablar- levanta la mano y dice “es cierto”. ¿Qué mujer que no haya sufrido pasar por una situación de descubrir a su esposo en una falta, lo reconocería sólo para tener prensa? ¿Asumirse cornuda para que le hagan tres notas? ¿Con qué necesidad? ¿Por qué castigar a la víctima?

Iliana Calabró también resulta serlo, es cierto, porque ella niega y negará que aquello sucediera, por lo cual verse involucrada en todo este eventual malentendido también la convierte en víctima. Ahora, ¿si sabía desde siempre que era señalada injustamente por algo que no pasó, ella, una de las más mediáticas entre las mediáticas, no podría haber abierto el paraguas alguna vez y contarlo y así, como se dice en la jerga “matar el tema”? Se entiende su enojo, su bronca y su impotencia, pero también a la viuda que sufrió situaciones que no la hicieron feliz.

Como en el edificio de Caballito, los vecinos cambiarán de tema apenas aparezca uno nuevo de conversación en el ascensor, pero en el camino del séptimo a la planta baja el honor de varias personas habrá resultado mancillado, ofendido y señalado. Los más enojados irán a la Justicia a demandar disculpas. Los menos, guardarán luto y quizás más tarde que temprano, silencio. El muerto no hablará. Se fue de rumba.

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Fuente: https://www.infobae.com/teleshow/infoshow/2019/03/24/disi-elvira-e-iliana-con-los-muertos-no-se-juega-por-que-si/

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