Ciudad Autónoma de Buenos Aires

De exportador mundial de cocaína a transa en Villa Lugano: la increíble vida de "Pizzita" Riverol

Hasta hace apenas algunas semanas, si alguien quería encontrar cocaína en Lugano I y II solo tenía que saber preguntar. “Vení a la nochecita”, indicaba un hombre de la zona con un guiño amigo, “preguntá por Hugo, el que para en la pizzería, el ‘Pizzita'”. El sobrenombre no venía de la infancia, era algo más nuevo. Hugo, un vecino histórico de la zona de 56 años de edad, se había ganado el apodo hace unos meses porque siempre se lo veía alrededor de una pizzería de la zona.

Los chicos y chicas que consumían en Lugano conocían bien a “Pizzita”. “Maneja tubitos”, comentaban. La ex pareja del presunto dealer era dueña de una peluquería del barrio que Hugo frecuentaba.

Semanas atrás, la división Precursores Químicos de la división Drogas Peligrosas de la Policía Federal comenzó a seguir a Hugo tras una denuncia anónima en su contra: la voz que lo entregó había indicado sus movimientos y esquinas de costumbre.

“Pizzita”, foto tras su detención.

Publicidad
“Pizzita”, foto tras su detención.

La PROCUNAR -el ala de la Procuración dedicada a investigar delitos narco con el fiscal Diego Iglesias al frente- y la fiscal en lo penal económico Gabriela Ruiz Morales intervinieron en el caso con el juez Ezequiel de Berón Estrada del mismo fuero. Iglesias y Ruiz Morales pidieron la intervención de los teléfonos de la ex pareja y la madre de “Pizzita”, investigaron su patrimonio, ordenaron a la Federal seguirlo con discreción; los detectives miraban con disimulo desde un auto mientras el presunto transa le entregaba paquetes a clientes tan variados como un arquitecto de la zona norte.

Precursores Químicos recibió la orden de detenerlo el miércoles 5 del mes pasado. Lo vieron a bordo de una Chevrolet Captive sobre la calle Ceferino Ramírez en Lugano acompañado de otro hombre y empezaron a perseguirlo. Intentaron cruzarlo para cortarle el paso: el patrullero falló y Hugo pudo acelerar para escapar mientras descartaba su celular Samsung por la ventana. Lo encontrarían dos días después, un nuevo dato aseguraba que “Pizzita” se movía por Pompeya: el celular Samsung que Hugo descartó por la ventanilla tenía un número agendado, uno de sus primos. El teléfono del primo fue intervenido. “Pizzita” lo llamó, delatando sus pasos a seguir

La Federal siguió a Hugo hasta Pompeya. Lo vieron entrar con una gorra y lentes a una casa en la calle Castro para salir con dos bolsas de supermercado en las manos. Salió a los diez minutos de la casa para tomar el 135 hasta Caballito. Lo detuvieron a bordo del colectivo: tenía ropa para cambiarse, zapatillas chatas de cuerina, un par de Nike Air Max y 39 tubitos de llenos de cocaína.

Ahora, ¿por qué todo este aparato estatal para detener a un simple dealer, un aparente bartulero? ¿Por qué se involucraron una fiscal y un juzgado en lo penal económico y no uno federal? ¿Por qué teléfonos intervenidos e investigación patrimonial? ¿Por qué la PROCUNAR, acostumbrada a perseguir traficantes de porte mucho mayor, genuinos capos y empresarios de la droga?

Publicidad

Hugo, un detallista, sabía manejar muy bien su perfil. “Solo le vendía a gente de confianza, a gente de la zona, a amigos”, dice alguien que conoció sus movimientos. Le regalaba porros a gente de la zona para que lo alertaran de cualquier cosa sospechosa, no manejaba su propio auto, sus amigos lo llevaban y traían. Si lo paraban, mentía un poco y daba un nombre falso. Cambiaba con frecuencia su número de teléfono, alternaba casas, nunca dormía en un lugar fijo, un hombre que iba y venía.

Trató de hacerse el desentendido encima del 135, le dijo al policía que lo arrestaba que no era quien era, que esto era todo un malentendido. El policía, un veterano, lo conocía desde hace tiempo: le relató una pequeña sinopsis de su biografía antes de esposarlo.

“Pizzita” no era un joven pillo del barrio, sino un hombre grande. Sin embargo, no encajaba en el perfil del oficio, no parecía uno de esos transas  castigados por la edad. Atesoraba un viejo recorte de diario en su casa de cuando había jugado en la tercera división de uno de los mayores clubes del país. Una vez le dijo a un policía que ganaba más “choreando” que jugando al fútbol. Tiempo después del fútbol, “Pizzita” dejó el país con rumbo a Europa. 

Hugo Daniel Riverol -su nombre completo- fue un hombre de mundo, al menos en su perfil criminal. Ser un supuesto transa de barrio parecía solo un epílogo triste para una larga carrera.

El fuero en lo penal económico investiga contrabando de estupefacientes, a delincuentes que envían droga a otras partes del mundo en un negocio donde un kilo en Santa Cruz de la Sierra puede costar poco más de dos mil dólares para convertirse en 40 mil euros en España o Italia.

Lo cierto, también, es que a Hugo Riverol lo buscaban desde hace mucho tiempo: llevaba más de diez años prófugo.

La cocaína y las Nike Air Max incautadas a “Pizzita” mientras viajaba en el 135 en Caballito.

La cocaína y las Nike Air Max incautadas a “Pizzita” mientras viajaba en el 135 en Caballito.

Información con la que contaba la Federal hablaba de cosas novelescas para “Pizzita”, una ficha que indicaba sospechas de robo en 1983 en Zurich, Suiza y un supuesto robo cometido en 1984 en Frankfurt, Alemania, fue explulsado del país en 1992, ocho años después. Reaparecería en Italia bajo el nombre falso de Héctor Morgani con una causa por tenencia y venta de drogas, un pedido internacional de huellas dactilares hecho por la policía italiana y una supuesta condena.

“Pizzita” subiría el nivel de su prontuario en diciembre de 1998, cuando se  vio involucrado en un operativo en Krefeld, Alemania, que terminó con 12 detenidos entre polacos, alemanes, italianos, franceses y argentinos, un negocio de tráfico de cocaína en valijas desde Argentina a toda Europa que terminó con el dedo amputado de un cómplice que arruinó una entrega.

Para Hugo Daniel, sin embargo, la jugada más grande de todas llegaría ocho años después.

“Pizzita” a comienzos de los 90, en una de sus primeras fotos policiales.

“Pizzita” a comienzos de los 90, en una de sus primeras fotos policiales.

El 24 de octubre de ese año, cuatro hombres intentaron abordar el vuelo 1140 de Aerolíneas Argentinas que despegaba desde Ezeiza a Roma con una conexión programada en Milán: llevaban más de seis kilos de cocaína en sus valijas carry-on, cuatro paquetes rectangulares disimuladas en papel carbónico. No pudieron abordar el avión, la PSA los detuvo.

Empleados de dos empresas que operaban en el aeropuerto fueron acusados de ayudarlos a moverse sin caer en controles, esquivando las máquinas de rayos X. Esta banda de cuatro tenía un cabecilla: la Justicia del fuero penal económico señaló a “Pizzita” Riverol como el responsable de vincular al jefe de la jugada con los empleados corruptos del aeropuerto.

“Pizzita” era buscado por la Justicia por esta última causa en sus diez años a la fuga: la denuncia en su contra que alertó a la Federal y a la PROCUNAR dio su nombre. Las coincidencias hicieron el resto.

En mayo de 2009, “Pizzita” se vería involucrado en otra vez en una nueva incautación de valijas narco en vuelo de Aerolíneas a Roma, 7,1 kilos esta vez. No tuvo suerte; la PSA lo volvió a frenar. El rol de Riverol era más complejo esta vez que el de un simple enganche. Según documentos judiciales a los que accedió Infobae, Riverol fue sospechado de comprar el pasaje de quien llevaría la valija con droga. Un testigo de identidad reservada lo señaló como uno de tres responsables y financistas de la operación. Riverol fue visto en el aeropuerto de Ezeiza en filmaciones de aquel entonces.

¿Qué pasó? ¿Por qué pasó de ser un supuesto jugador de alto vuelo a un vendedor de poca monta enfrente de una pizzería en Villa Lugano, si es que las acusaciones en su contra son ciertas? “Se le habrán caído los contactos”, estima un investigador. Otro, más sagaz, responde: “Te equivocás si pensás que Riverol pasó de traficante pesado a transa. El tipo la juega de callado. No va a andar en un coche a todo culo. Pero de nivel no bajó.”

Riverol tiene una paradoja: estaba registrado en tres rubros de la AFIP dedicados a servicios de taxis y remises desde 1999 acuerdo a su información comercial, reconoció ser taxista cuando lo metieron preso en su ficha del Servicio Penitenciario Federal, aunque los federales que lo vigilaron nunca lo vieron arrancar un móvil amarillo y negro. Tampoco tiene un auto a su nombre. “Mirala a la ex”, dice un detective, “a esa peluquería no va nadie”: la mujer tiene cinco vehículos a su nombre, todos con patentes recientes.

¿Hugo dejó el juego de la exportación narco, si es que estuvo involucrado? Voces en la Federal no lo creen y miran con particular interés los 15 kilos incautados en agosto último a un brasileño que intentó viajar a Italia con la droga en el doble fondo de sus valijas. “Mismo destino que Hugo, misma forma de laburar”, dice un veterano.

Hoy, “Pizzita” se sienta en el pabellón 4 del penal de Marcos Paz con compañeros de encierro como Oleksandr Levchenko, “El Rusito”, un nazi fanático de 24 años condenado a más de nueve años de cárcel por agresiones a homosexuales y travestis en Mar del Plata. Es su segunda vez en un penal federal: Riverol ya había pasado por la cárcel de Ezeiza en 1989 de acuerdo a registros, por un presunto robo por todo. Negó todo cuando lo indagaron. Su situación procesal está por resolverse.

 

 

 

 

Fuente: https://www.infobae.com/sociedad/policiales/2018/10/06/de-exportador-mundial-de-cocaina-a-transa-en-villa-lugano-la-increible-vida-de-pizzita-riverol/

Artículos relacionados

Volver al botón superior

Adblock Detectado

En este sitio vivimos de la publicidad de anuncios, por favor para navegarlo quitá tu Bloqueador de Anuncios.